Qué mejor para un autor de la edad de Juan Carlos que iniciar con un proyecto corto y autobiográfico, intimista y atractivo. Me parece que escoger "El hombre de a cero", como obra para publicar, fue una decisión acertada, porque no es pretenciosa ni extensa, no relata desde la inexperiencia, sino que es prudente y lo mejor de todo: narra desde la perspectiva propia, desde la adolescencia que ya poco a poco se va desvaneciendo.
Ironías, contrastes, desahueves y zamaqueadas, que provocan chispazos de recuerdos propios haciéndote sentir comprendido, incómodo o inexplicablemente reflejado en cada relato. Juan Carlos logra que el lector se sienta identificado con cada curioso y -como él llama- perdedor personaje. Provocar una larga sonrisa o un lioso rubor en el lector es una tarea difícil, Nalvartelo hace mediante la temática y las situaciones de los personajes, con el lenguaje y la oralidad de los relatos.

